Calamaro: Bios, vidas que marcaron la tuya

22.12.2021

O como titularía Andrés Calamaro: C.C.N.P.M.N.F.U.P.Y.C.E.M.-HC19- Y.R.L.E.Q.S.Y.C.M.G.S.E.L.Y.D.S.L.D. (Conversaciones con Nathy Peluso mientras nos fumamos unos porritos y compartimos el mate -Hola Covid'19- y recuerdo lo estupendo que soy y como me gusta ser el líder y destacar sobre los demás).  

Me gusta mucho Calamaro, y no esperaba demasiado de una biografía de Disney, pero la verdad es que me ha sorprendido. Esa voz cascada por los excesos (va al mismo especialista que Miguel Bosé), porrito va, porrito viene, chupadita al mate mientras Nathy Peluso le contempla como una fan a punto de bajarse las bragas y Calamaro se pierde en su propio ego, recordando un pasado que no existió, pero que al él le gusta verlo así.

A Andrés le ha pasado como a Michael Jordan con El último baile. Pensaba que iba a ser una glosa a su persona, y la sensación que deja es la de ser un ególatra que ha ido dejando en la estacada a todos aquellos que le han acompañado en el camino. 

Desde sus comienzos en Los Abuelos de la Nada de Miguel Abuelo y su ansia por volar solo y el reconocimiento que pide -reclama como suya la conocida "Mil horas"-, si bien es cierto que la muerte de Abuelo rompe el grupo, él ya lo había abandonado mucho antes. Y la historia de Los Rodríguez, de como entra como artista invitado por Julián Infante y Ariel Rot -ambos ex-Tequila- y cuando el éxito llega a raíz de Sin documentos, vuelve a pedir un cambio de liderazgo, subestimando a sus compañeros y achacando a las drogas, el cáncer y el SIDA la destrucción del grupo, cuando es el siempre discreto Ariel Rot quien con una sonrisa en la cara y con su vocecilla tímida el que  revela que fue el cambio de condiciones económicas dentro de Los Rodríguez solicitado por Calamaro (básicamente él se quedaba con la mitad de los ingresos y que los demás se repartieran la otra mitad) propició la disolución.

Incluso en solitario Calamaro no resiste la tentación de demostrar que él lo hace mejor que nadie. Reveladora es la sesión de grabación del Alta Suciedad, cuando la producción trae a los mejores instrumentistas del rock y el blues para que le graben el disco, y él se empeña en que lo hacen mal, que él puede tocar todos los instrumentos ante la mirada alucinada del productor.

Ego, ego, ego. Ya sabes, ¿como se suicida un argentino? Se arroja desde lo alto de su ego.

Bitácora Perversa
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