4 Botas, Keko

Como si de una novela de James Ellroy se tratara, 4 Botas sigue el guion de un relato corto de detectives. Tiene su crimen, su sospechoso, su investigación policial y su confesión, pero en nada afecta al lector o a la propia lectura. Su visionado es inane, desapasionado, como uno de esos relatos pulp de los 50 y 60, que se olvidan tan pronto se cierra la última página.
De hecho, lo más interesante es su estética, mezcla del noir con diferentes corrientes, retazos de pin ups, del pop y todo aquello que se pueda echar a una sopa sin que acabe sabiendo a rayos. Son sus falsos anuncios (algunos parodias hábiles de los que aparecían en cómics y tebeos de los 70 y 80) lo mejor de la función, y no es desdeñable el punto de vista subjetivo de una confesión al que nunca le ponemos cara, pero que no atrapa.
Son demasiadas las referencias a otros iconos de la época, y poco explicados, lo que dificulta la comprensión total del cómic a alguien que no esté extensamente familiarizado con los años 50, la caza de brujas, el miedo a la URSS y todo el contexto que rodea a la historia principal.
Demasiado símbolo y poco argumento convierten este cómic en un postre, un final de fiesta rico y sabroso, pero poco útil para mantener una buena salud literaria.